El aburrimiento es un tema poco probable en lo que se refiere a la investigación sobre los lugares de trabajo. Es comúnmente asociado con actividades como: holgazanear, tomar descansos para el almuerzo absurdamente largos, y jugar con internet a escondidas. Un nuevo estudio sugiere que el aburrimiento es algo que afecta el desempeño de los empleados en las más altas categorías, así como las más bajas.

Sandi Mann, una profesora de Psicología en la Universidad Central de Lancashire, en Inglaterra, dice que el aburrimiento es la segunda emoción más comúnmente escondida en el lugar de trabajo, después de la ira, y cree que los lugares de trabajo modernos se están volviendo cada vez más aburridos.

“Los cambios en la legislación todo el tiempo dan lugar a procedimientos burocráticos que la gente encuentra aburridos. Parece que estamos en una cultura de tener reuniones, lo que para muchas personas es aburrido. Hay muchos sistemas automatizados ahora, así que muchas de las cosas que hacemos son algo remotas. Tenemos a más personas trabajando en turnos nocturnos, que son más aburridos porque hay menos personas con quien hablar”, dijo.

Además, Mann siente que, como sociedad, nos estamos volviendo menos dispuestos a tolerar el aburrimiento. “Las personas tienen más de una expectativa que cumplir por todo lo que hacen. Compara la generación de nuestros abuelos: no había ningún deseo de tener una autorrealización y de alcanzar su potencial. No iban a las minas de carbón para sentirse realizados”.

“Esa actitud ha cambiado. Ahora vemos, con mayor frecuencia, que la gente renuncia a trabajos mejor pagados por otros con sueldos más bajos pero más satisfactorios”.

A pesar de su proliferación, Mann piensa que existe poca conciencia sobre el aburrimiento, que ella considera como “el nuevo estrés”.

“Es tan estresante como el estrés, pero mientras que los cursos de manejo del estrés son numerosos y de poco valor, las organizaciones tienen miedo de admitir que sus trabajadores pueden estar aburridos”, añade.

El año pasado, Mark de Rond, de la Escuela de Negocios Judge de la Universidad de Cambridge, paso seis semanas estudiando cirujanos militares en el Campo Bastion en Afganistán. Encontró que el aburrimiento tenía un efecto desestabilizante, incluso en otros individuos de alto rendimiento.

En su primera semana, De Rond vio llegar 174 víctimas, observó 23 amputaciones y 134 horas de operación. Una buena proporción fueron niños de la localidad. Aunque el trabajo es mental y emocionalmente demandante, los cirujanos son “brutalmente efectivos”, dice.

“No creo que haya visto equipos más efectivos que cuando alguien estaba sangrando en Bastion. Es casi algo bello. Son tan compuestos, es tan libre de ruido. El problema es cuando las personas no tienen nada que hacer”, dice De Rond.

De acuerdo con De Rond, aunque hay días donde no llegan víctimas, los cirujanos nunca pueden relajarse, debido a que están de guardia. Mientras esperan que los helicópteros traigan a las víctimas, se sienten culpables por desear más trabajo. Empiezan a competir uno con el otro, se vuelven más críticos sobre los esfuerzos de los demás, y se vuelven más reflexivos sobre la inutilidad de todo. “A medida que se vuelven infelices, se vuelven como osos grandes; simplemente no quieres estar cerca de ellos”, dice De Rond.

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