Para estar guapa hay que sufrir, decían nuestras abuelas y va a ser verdad. Los tacones son muy perjudiciales para la espalda, además de cansados si no existe el hábito previo de llevarlos. De los bolsos grandes que tanto os gusta llevar (casi siempre en el mismo lado de la espalda) ya hemos hablado. Producen contracturas, dolor, malestar y si somos muy recalcitrantes en el uso problemas en las vértebras cervicales. Ahora es el turno de los skinny jeans o vaqueros muy ajustados, de los que se dice que pueden producir también dolor en la espalda.

Sí, en efecto, no sólo pueden producir este dolor por presionar la zona glútea de manera antinatural e impedirla realizar el trabajo de soporte de la musculatura de la espalda, sino que pueden afectar a otras áreas funcionales del organismo.

La más importante es la circulación sanguínea. Es fácil de comprender que la presión sobre las venas puede llegar a impedir el correcto retorno de la sangre y, en casos extremos, llegar a provocar episodios cardiovasculares. Un ejemplo serían esos desmayos que los ajustadísimos corsés provocaban en las damas antiguamente ; por ejemplo el de Elisabeth Swann (Keira Knightley en Piratas del Caribe).

En el caso de los leggings o prendas muy ajustadas, es necesario avisar de que también favorecen la retención de líquidos y, atención, la aparición de las varices y de la temida celulitis, ante la que la medicina estética sigue rendida sin encontrar soluciones definitivas. En verano retención de líquidos puede ser sinónimo de edemas.

Los dolores musculares, en este caso de espalda, surgen por la presión a la que se somete al sistema nervioso periférico. La presión que ejerce esta prenda sobre el abdomen cuando es muy apretada es similar a la de una faja. Aprieta  los músculos paraespinales, el psoas y los subglúteos. En todos ellos se apoyan la espalda y la pelvis, por lo que se debilitan y pierden capacidad de movimiento. En general limita la movilidad inferior puesto que presionan los músculos flexores de la cadera. En este sentido, nos molestarían al sentarnos, al agacharnos, al caminar y, por supuesto, al correr.

Si te fijas bien, los ancianos suelen descartar este tipo de prendas y no las incluyen en su vestuario. Ahora conoces los motivos.

A ciertas edades, un problema circulatorio o de movilidad puede suponer un serio riesgo.

En otros casos, se trata más de la frecuencia del uso que de lo ajustados que podamos ir de vez en cuando.

Ata Pouramini 

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here